
Tegueste, con una superficie de 26,41 kilómetros cuadrados, está situado en el noreste de la isla y su capital municipal se localiza en el casco urbano, a unos 550 metros sobre el nivel del mar. El municipio presenta la particularidad de estar completamente rodeado por el de San Cristóbal de La Laguna, siendo el único de la comunidad autónoma con estas características. Junto con Santa Cruz de Tenerife, San Cristóbal de La Laguna, Tacoronte, El Sauzal y El Rosario forma el área metropolitana de Santa Cruz de Tenerife. Geográficamente se encuentra en una zona oriental montañosa que se corresponde con las estribaciones del extremo noroeste del macizo de Anaga y una zona centrooccidental bastante llana correspondiente a los valles de Tegueste y de El Socorro.
Se encuentra habitado desde la época guanche, según demuestran los yacimientos arqueológicos encontrados sobre todo en el lugar conocido como Los Cabezazos. El territorio del moderno municipio formaba parte del menceyato de Tegueste, una de las demarcaciones territoriales en que los guanches tenían dividida la isla antes de la conquista. El pueblo como tal surgió desde el inicio de la colonización; su primitivo núcleo —conocido como Tegueste el Viejo— se desarrolló en torno a la moderna plaza de la Arañita y a la primitiva ermita de San Marcos, construida en 1530. Tras la proclamación de la Constitución de Cádiz, Tegueste se constituyó en municipio independiente el 14 de febrero de 1813. En 2022 registró una población de 11 359 habitantes censados.
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Tegueste es históricamente esencial en el devenir de la lucha canaria. Tal relación resulta un binomio imprescindible porque en ese pueblo se escribe buena parte de la historia de nuestro deporte, al ser de los primeros en los que aparecieron grandes figuras y uno de los pioneros clubes federados. De ello le viene el apelativo «cuna de la lucha canaria». También por contar con la figura del polivalente Emilio Rivero Rodríguez, quien colaboró decisivamente en la constitución de la Federación Canaria de Luchas en 1943 y en su organización, redactando en 1949, por encargo expreso de la Federación Tinerfeña de Luchas, el primer proyecto del Reglamento Técnico de la Lucha Canaria. Este se componía de un preámbulo, unas bases con treinta y nueve artículos y una disposición final donde están compendiadas la nobleza y la caballerosidad de la lucha canaria, el deporte que se rige por el uso, las costumbres y la lealtad a la palabra de sus componentes.
Uno de los primeros luchadores teguesteros de los que se tiene constancia escrita es Pancho Melián, descrito como el más destacado del bando norte de la isla en la célebre Luchada de la Media Montaña, disputada los días 24, 25 y 26 de junio de 1834, y que cayó, tras derribar a veintitrés oponentes, por la picaresca de un luchador de Fasnia apodado el Correísta, que tenía las costuras del pantalón y la camisa apenas hilvanadas. Además de Pancho Melián, también destacaron sus paisanos Manuel Llanos y José Dionisio, quienes cayeron a manos de Cartaya, invicto del bando sureño que puso la rúbrica a tan epopéyica victoria.
En tiempos antiguos también sobresalieron luchadores como José María, quien se mostró insuperable en los terreros durante muchos años; además de Hipólito Hernández y Ramón Peña. Más tarde, a principios del siglo XX, destacaban Francisco Hernández, Pancho Caldera; Fernando Santana; y Emilio Rivero, sobre todo este último, que, como hemos dicho, no solo fue luchador, sino también una de las personas más reputadas de este deporte. En los años veinte, los bregadores más reconocidos eran Eugenio López, Honorio Rivero y Cipriano Hernández, el del Guarda, mientras que en los años treinta se les dedicaban los mayores aplausos a Jeremías Reyes, el Artista; Manuel Perera, el Rápido; Andrés González, el Cañero; Manuel García; Pepe Ramallo; Víctor Rodríguez; Inocencio de la Rosa; Daniel Gutiérrez; Gregorio Pérez (conocido como Domingo Pérez Abreu);y el joven José Gutiérrez, el Chaval,entre otros.
Emilio Rivero, arte y parte

Emilio Rivero Rodríguez (Tegueste, 1883 / La Laguna, 1959) fue de las figuras más importantes de la lucha canaria por su notoriedad en prácticamente la primera mitad del siglo XX, cuando su fecunda participación en distintas facetas y diversos asuntos de calado sirvió en gran medida para el encumbramiento de esta práctica ancestral, tan necesitada entonces de una evolución acorde con su creciente trascendencia en el deporte en particular y en la sociedad canaria en general. Rivero, con la certeza que nos deja su meritorio recorrido, resultó un puntal cuya rica aportación como luchador, árbitro, técnico federativo, escritor, promotor… quedó reflejada de manera indeleble en la nomenclatura asignada a los personajes descollantes de la época.
Miembro hiperactivo de la comunidad que, además, poseía un instinto innato para detectar acontecimientos que engancharan a los aficionados y privilegiada forma de contarlos, como se puede constatar en las hemerotecas que guardan artículos suyos recogidos en la prensa escrita de aquel tiempo. Por ejemplo, en su página del periódico Aire Libre tenía el reconocible antetítulo Episodios de la lucha canaria, donde además de puntual y fiable información también se recogían de manera simpática valiosos testimonios con una particular narrativa de los hechos acontecidos.
Rivero tuvo en 2007 un merecido reconocimiento literario póstumo al ser ensalzado por la FLC, que presidía el proactivo Gonzalo Hernández Sánchez, mediante la recuperación de adornados artículos de aquel publicados y otros inéditos cedidos gentilmente por su familia. Trabajos rigurosos y desenfadados que están compilados en el recomendable libro Crónicas de la lucha canaria. Historias del tiempo viejo.
Asimismo, valedores de la lucha canaria teguestera redondearon el reconocimiento local con el descubrimiento de un busto suyo en la plaza a la entrada del terrero Mencey Tegueste, el 30 de mayo de 2023, con motivo de la tradicional Luchada Institucional por el Día de Canarias.