Introducción

La lucha canaria es un deporte vernáculo tradicional de las islas Canarias, caracterizado por su habilidad y nobleza, que tiene como principio básico el desequilibrio del contrario hasta hacerle tocar el suelo con cualquier parte de su cuerpo excepto la planta de los pies, empleando para ello –con un buen agarre– mañas o técnicas tanto de piernas como de manos. No se permiten llaves ni estrangulaciones ni luchar en el suelo.

Con esta definición, la más señera y popular manifestación nativa del pueblo canario, reconocida también internacionalmente por su expansión y éxitos, nos ofrece un rico muestrario de valores y cualidades en el ámbito del deporte cuyo enfrentamiento sea mediante contacto físico bipersonal. Desde esa inexcusable obligatoriedad de no recurrir a golpes ni gestos antitéticos a la limpieza en la ejecución, este legado deportivo-cultural exige procedimientos ortodoxos en el noble arte de la brega. Y si no, para eso está el modélico reglamento sancionador, que corta de raíz cualquier acto punible con castigos ejemplares.

Atendiendo a tales principios y desde el agradecimiento, el respeto, la modestia y la humildad adquiridos de la lucha canaria, es una satisfacción contribuir con este libro a la labor divulgadora participando en el conjunto de las publicaciones monográficas con información distinta y mayoritariamente inédita. El objetivo es aportar un trabajo lo más completo y transparente posible añadiendo datos relevantes, opiniones, imágenes y escritos formales que dan fe de la tan perseguida como deseada veracidad de los hechos acontecidos durante varios siglos de desarrollo.

Esta documentada historia de la lucha canaria en Tenerife pretende ayudar a apuntalar el recorrido del distintivo canario por excelencia con el máximo rigor y fidelidad que merece el resultado de tantas vivencias rebuscadas o recogidas directamente de sus protagonistas. El trabajo se complementa con nuevos documentos oficiales, informaciones diversas y variopintas de la prensa escrita en tiempos remotos y no tan lejanos, publicaciones memorables y versiones tan fidedignas como contrastadas.

Siempre, influenciados por los nobles principios de esta gran herencia ancestral, con la consideración máxima a las fuentes de consulta y con reproducciones absolutamente respetadas. Sin embargo, considérese la posibilidad de puntuales e involuntarios errores humanos de transcripción y en los asentamientos originales, algo no habitual pero más propio de la época pretérita.

Este libro surge por el único interés y con la finalidad de hacerlo llegar a la amplia familia de la lucha canaria y a la sociedad en general. Porque, siendo primordial enriquecer nuestra historiografía vernácula, en aquella tenemos un deporte sin par, único en el mundo y motivo de admiración por su ejemplaridad y belleza plástica. Por eso, desempolvar el imprescindible pasado es, además de didáctico e ilustrativo, determinante para acercarnos lo más posible a la seguridad de que sabemos quiénes somos, de dónde venimos y qué queremos.

Por algo escribió Juan del Teide (seudónimo), en una parte del esclarecedor artículo publicado en el hebdomadario Aire Libre al comienzo del mes de septiembre de 1943, que «… Las eras, las anchas encrucijadas de los caminos, las plazas de los pueblos campesinos fueron testigos de los más reñidos encuentros de luchas. Cuando no era la banda del sur contra la del norte, eran bandos formados en los pueblos comarcanos. A veces, los contrincantes eran vecinos de un mismo pueblo. En ocasiones, hasta entre familias se disputaron la calidad luchadora de sus miembros […]. Fue la lucha en todo tiempo un signo deportivo inconfundible del que no se podía prescindir en ninguna fiesta o reunión familiar […]. Y así, en todos los encuentros los hijos salían al terrero en defensa de los padres que habían caído, y hasta en cierta ocasión una mujer, vestida de hombre –como me lo contaron te lo cuento–, salta a defender la honrilla de su prometido logrando derribar al fornido contrincante».

De relatos como el de Juan del Teide está llena la lucha canaria, para bien. Incluso relacionándola con la conquista de Canarias y en particular a partir de la incursión a la isla de Tenerife del terco invasor español Alonso Fernández de Lugo, como parte final en la ardua tarea de dominarla. Desde entonces, las menciones al valor incomparable e infinito de los guanches no cesan, ni las alabanzas encaminadas a dejar constancia de su innata habilidad, pundonor, raza y destreza para la lucha en el cuerpo a cuerpo. Cuestión esta, obviamente, que se ha transmitido entre generaciones hasta nuestros días con probados resultados de relevancia indiscutible. Prueba de ello son los interminables halagos allende nuestras fronteras, donde la elegante puesta en escena de este hermoso legado cautiva y causa tanta expectación desde nuestros aborígenes.

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