Teide (1943)

El Club de Lucha Teide fue fundado en 1943 en la Villa de la Orotava, cuando, con fecha 5 de noviembre de ese año, se dio registro de entrada a sus estatutos en el Gobierno Civil de la provincia de Santa Cruz de Tenerife como Club Deportivo Teide. En esa documentación, la comisión organizadora, que presidía José González García, dejaba constancia de que el domicilio social de la nueva entidad deportiva orotavense estaba fijado en la plaza Cruz del Teide, s/n, de ese municipio. La fundación del CL Teide fue coincidente con un momento puntual en que la lucha canaria quedó inactiva, y por lo tanto sin competiciones.

Otra referencia que tenemos de la existencia del CL Teide quedó recogida en el periódico Aire Libre del 28 de agosto de 1944, en el que se publicó una circular remitida por la Federación Canaria de Luchas, tres días antes, informando de la apertura del plazo para la inscripción de luchadores no federados en los clubes constituidos con esa fecha y las normas de fichaje que regirían en la temporada siguiente. En el punto sexto de dicha circular se relacionó a los equipos constituidos en Tenerife hasta ese día: Price, de la capital de la isla; Canarias, de La Laguna; Camino Real, de Tacoronte; Pérez Abreu, de Tegueste; CD Tegueste, de Tegueste; CD Tejina, de Tejina; Rosario, de Valle de Guerra; CD Teide, de La Orotava; Los Guanches del Taoro, de Puerto de la Cruz; La Esperanza, de El Rosario; Sobradillo, de El Rosario; Tablero, de El Rosario; y Piñero, de El Hierro.

Luego, el periódico Falange hizo pública el 25 de noviembre de 1944 aquella circular federativa de ámbito regional, en la que se confirmaba a los equipos constituidos en Tenerife hasta ese día y ratificaba entre ellos al Club de Lucha Teide. Meses más tarde, el 26 de marzo de 1945, Aire Libre se hizo eco de la inactividad que mantenían algunos clubes de la isla, entre ellos este plantel orotavense. Por lo tanto, no fue una transición fácil para los equipos pioneros, ya que muchos eran contrarios a federarse y participar en competiciones oficiales, al igual que lo eran los propios luchadores, que tenían que pasar a una burocracia reglamentada, dirigida y tutelada por la Federación de Luchas a la que no estaban acostumbrados. Además de estas vicisitudes, se presentaba el otro gran problema para la federación: unificar criterios. Se intentó organizar los primeros campeonatos de equipos federados y cambiar la reglamentación que permanecía hasta la época, pero fue imposible y la primera competición no llegó hasta la temporada correspondiente a 1946, cuando algunos de estos equipos habían desaparecido, como fue el caso del Teide.

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