San Miguel de Abona

San Miguel de Abona es un municipio sureño que abarca 42,04 kilómetros cuadrados de superficie y limita con sus homólogos de Granadilla, Vilaflor y Arona. En el año 2022 registró 21 915 habitantes censados. Su capital está localizada en el casco urbano, a unos 580 metros sobre el nivel del mar y declarado en 2013 BIC (Bien de Interés Cultural) en la categoría de conjunto histórico. Junto con las municipalidades vecinas de Arona y Adeje forma la denominada área metropolitana de Tenerife sur, con 194 774 habitantes en el año 2019 (no actualizado). El nombre del lugar se compone de San Miguel, que proviene de la advocación de la primitiva ermita construida en el siglo XVII y dedicada al arcángel en el casco fundacional, y de Abona, de procedencia guancheyque, según algunos investigadores, significa ‘grandes piedras’ y, por extensión, ‘canteras’. Este sustantivo alude al antiguo reino o menceyato guanche, en cuyo territorio se fundó la localidad.

En su origen, San Miguel se constituyó como pago del lugar de Vilaflor de Chasna y estaba bajo su jurisdicción civil, judicial y eclesiástica. Hacia 1665, los descendientes del conquistador y poblador del sur de Tenerife Fernando García del Castillo construyeron una ermita dedicada a san Miguel arcángel, y así comenzó a desarrollarse el núcleo de San Miguel. En 1796, esa ermita fue elevada a la categoría de parroquia, lo que sirvió de impulso a los lugareños para solicitar también la separación civil de Vilaflor. El 13 de marzo de 1798, la Real Audiencia de Canarias ratificó dicha separación y dio facultad a los vecinos de San Miguel para elegir los cargos de alcalde real, diputado del común, síndico personero y fiel de hechos. Así se formó el primer Ayuntamiento de San Miguel de Abona, denominado en esa época, como todos los demás, «junta local». En 1812 se culminó el proceso de génesis del municipio de San Miguel con la creación de los ayuntamientos constitucionales bajo el amparo de la Constitución de Cádiz, aunque no fue hasta 1836 cuando el término municipal quedó definitivamente consolidado tras las alternancias entre gobiernos constitucionales y absolutistas de la primera mitad del siglo, y de la desaparición del régimen municipal único que había sido instaurado desde la conquista.

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