Güímar



El municipio de Güímar toma el nombre de su capital, que a su vez lo hace del antiguo reino guanche. Algunos autores traducen el término por ‘ángulo, esquina, rincón’. Se encuentra situado en el este de la isla, en un valle o depresión que, de acuerdo con la mayoría de los geólogos, es producto de un deslizamiento de material volcánico al mar. Limita con los municipios de Arafo, La Orotava y Fasnia y su término municipal cuenta con una superficie de 102,92 kilómetros cuadrados, que discurren desde la cumbre que corona el volcán de Arafo hasta la costa. Alcanza su máxima altura en Izaña, donde se ubica un importante centro de astronomía y uno de los observatorios meteorológicos más antiguos de España.

Emplazado en el valle de Güímar, el municipio cuenta con la Reserva Natural Especial del Malpaís de Güímar, formada por un gran cono volcánico y el paisaje que dejó la lava al encontrarse con el mar. Su escarpada costa tiene algunas calas de callaos y arena negra en las desembocaduras de los barrancos de Erques, El Escobonal y Badajoz, cuyos cauces penetran en la profundidad de la isla dejando ver las tempranas formaciones geológicas; y en el interior, a la vera de sus desfiladeros, se excavan galerías que nutren de agua a la población y a la agricultura.

Güímar dispone de un acogedor puerto deportivo que cuenta con todos los servicios para los navegantes. Junto a él, la popular playa del Puertito protege a los bañistas del oleaje gracias a varios rompeolas de piedra. En el municipio se encuentra parte del Parque Natural de la Corona Forestal y el Paisaje Protegido de las Siete Lomas. El barranco de Erques, por otra parte, está catalogado como monumento natural. En las medianías de Güímar se encuentra el Parque Etnográfico Pirámides de Güímar, construido en torno a las pirámides escalonadas que existen en la zona. Este museo, impulsado por el explorador Thor Heyerdahl, cuenta con varias salas dedicadas a las antiguas civilizaciones que construyeron pirámides por todo el mundo. Güímar registró en el año 2022 una población de 21 224 habitantes censados.

Las primeras referencias sobre el origen de la lucha canaria en Güímar se recogen en el libro de Sabino Berthelot Primera estancia en Tenerife (1820-1830), donde se apunta, en el capítulo las Fiestas de San Pedro de Güímar en 1827, que:

el baile y los juegos comenzaron con gran animación. Y el gentío, entusiasmado, buscó nuevos motivos de divertimiento. En espera de los luchadores, se formó un corro en la explanada. Al poco, dos vigorosos atletas se presentaron en el terreno; después de observarse un instante, se inclinaron el uno sobre el otro y se enlazaron como dos culebras. Los espectadores guardaron el más profundo silencio: mientras los luchadores se agarraban, nadie se atrevió a animarlos con gestos, o voces, ya que allí estaban los dos bandos presentes, el de Güímar y el de Arafo, y cada uno estaba a favor de los suyos. El luchador que había quedado en pie, y por lo tanto, vencedor, era un zagal de la localidad, de mediana estatura, macizo, todo nervio y más fuerte que un roque. Había tumbado sucesivamente a dos adversarios y se había sentado en medio del terrero, listo para luchar por tercera vez, cuando se presentó un hombre de Arafo. A la vista de aquel formidable atleta, temí por el menudo pastor. El recién llegado era un buen mozo de treinta años, de forma hercúlea, anchas espaldas y pecho velludo. Así y todo, el pequeño pastor lo miraba de arriba abajo sin inmutarse y aceptó el desafío.

La lucha fue más bien breve: el atleta de Arafo, nada más agarrar su joven adversario, fue levantado por este a un pie del suelo y derribado como si fuera un fardo. El vencido se retiró muy confuso por su derrota y fue a reunirse con sus desolados compañeros. Tras ese combate gimnástico, le llegó el turno a los gallos…

El siguiente relato se aproxima a un par de años antes de la guerra civil española de 1936. Un protagonista de ello fue, por ejemplo, Arturo Gómez, conocido como el Chis, un hombre tan enamorado de nuestro deporte que llegó a cambiar el lugar de una plantación para que sus jóvenes vecinos agarrasen entre sí. A falta de equipos con los que competir, en esa época prevalecían las contiendas entre los propios luchadores. Posteriormente vinieron las luchadas entre barrios, sobre todo con los de La Hoya y Chacaica o en San Pedro Arriba. Así era entonces la adicción güimarera por la lucha canaria con el protagonismo de luchadores como Manuel Pagés; Juan Sánchez; Pedro Fariña; el majorero Froilán, que residía en Güímar; Palito; Francisco Díaz, el Machito; y hasta Joaquín Rodríguez, Pollo de Uga, quien llegó al valle a trabajar y se quedó un tiempo.

Lo dicho, así era la Güímar del deporte vernáculo. La misma que vio nacer al reputado luchador Alfredo Martín, el Palmero, el 23-12-1923 (sus padres, de La Palma, se desplazaron a Tenerife por motivos laborales), aunque cuando este tenía tres años de edad su familia emigró del municipio y él hizo carrera deportiva en otras islas. Con el paso del tiempo, la representación de Güímar, que ya utilizaba más lugares como terreros, como, por ejemplo, detrás de la plaza, en el puente de Guaza o en la fuente de la plaza del Convento, donde en la actualidad se instala el ayuntamiento, se medía a Arafo y hasta se compinchaba con La Laguna para discutir el poderío resultante de la fusión entre Santa Cruz y Arafo.

Estas citas se producían normalmente el 29 de junio por la festividad de San Pedro, donde encima se daban desafíos de toda índole en el famoso torneo que lleva su nombre. El Torneo de San Pedro, decano de Canarias, tuvo en los años sesenta a Antonio Millán como preciado promotor. En el periodo de tiempo comprendido entre 1936 y 1950, la lucha canaria en Güímar pasó de aquellos emparejamientos entre conjuntos que lucían los nombres de sus barrios al intento de constituir un equipo federado en la capital del municipio, pero que no llegó hasta 1973. Sin embargo, en la periferia capitalina fue donde se originó la lucha federada y estatutaria, estrenando los años sesenta del siglo pasado.

Compartir: