Capítulo 7 | Acontecimientos relevantes

Así nos veían, así describían la Lucha Canaria

Este episodio está destinado a recordar que la lucha canaria, como producto genuino y por su preciada singularidad, siempre despertó el máximo interés y la mayor atención también más allá de nuestras fronteras. De manera principal, por la limpieza y espectacularidad en la ejecución de sus muchas y combinadas técnicas (o mañas) y una belleza plástica sublime que resulta inalcanzable para otros deportes de contacto. De tal manera que, rescatando el pasado, en el periódico nacional El Tiempo encontramos un ejemplo de lo que nos ocupa en forma de primoroso artículo en el que el elogio adorna un sesudo análisis de autor. En la exposición referida, de fecha 27 de junio de 1906, quedó reflejado lo siguiente:

En los programas pedagógicos de todas las naciones figuran en lugar preferente y formando parte del plan educativo los ejercicios gimnásticos y deportivos. Hay frases que se manosean hasta vulgarizarlas, sin que la masa general se penetre de su importancia. El ‘mens sana in corpore sano’ es una de ellas. En nuestro concepto, debiera escribirse junto al número de cada casa y, sobre todo, en el cerebro de padres y maestros. El excesivo predominio del espíritu, con desprecio absoluto de la carne, que informa nuestros planes escolares, ha caído ya en descrédito; y si es cierto que por la fruta se conoce el árbol, debe ser muy malo el de nuestra educación nacional, a juzgar por lo enteco de las generaciones que ha producido. Hoy, con un concepto más exacto de la realidad de la vida, la opinión pública parece que reacciona y, sin que se hayan traducido aún en hechos, las tendencias de los hombres cultos, que abundan cada vez más en nuestra patria, se dirigen a considerar los ejercicios corporales, no como un complemento, sino formando parte integrante y muy principal de la educación de nuestra infancia; y no es aventurado suponer que, andando el tiempo, llegue a restablecerse el turbado equilibrio y la ley de armonía que preside el universo deje en esa materia de ser una aspiración de los que ansían la grandeza de su país.

Aparte de la pelota, la barra, los bolos y de los mil y mil deportes nacionales, la introducción del football, del polo, de la aerostación y el creciente interés que han despertado las carreras organizadas por el Heraldo de Madrid y las luchas griegas verificadas en el teatro de la Zarzuela y en el frontón Central son, evidentemente, señales de los tiempos. Refiriéndonos a estas últimas, no tenemos que salir de nuestra patria para encontrar precedentes que inclinen el ánimo de los tradicionalistas. En la más apartada y desconocida de nuestras provincias, en Canarias, existe, heredada de los guanches, una lucha muy digna de que cruce el mar y tome carta de naturaleza en nuestras costumbres. La indumentaria de los luchadores es sencilla por demás. Un calzoncillo que llegará a medio muslo y una blusa o camisa, ambos holgados, de lienzo grosero del país, muy parecido por su aspecto y apariencia a la lona; eso es todo. Desnudos de pies y piernas; al aire la fuerte musculatura de brazos y pecho, vista esta última por el ancho y abierto escote de la blusa; con el aire modesto, sencillo y algo indolente, el luchador canario es un tipo interesante y simpático por demás, que evoca la idílica sencillez y rústica caballerosidad del pueblo guanche, cuya arcádica vida y costumbres truncamos en nombre de una civilización que alejó para siempre la felicidad de aquellos hermosos peñones que el Atlántico besa y azota.

El orden de la lucha es el siguiente: divididos los luchadores en dos bandos norte y sur, Tenerife contra Lanzarote y El Hierro, Gran Canaria contra Lanzarote y Fuerteventura, etc., en número ilimitado de luchadores; nombrados los jueces de campo, uno o dos por cada partido y un tercero en discordia, sale a la arena o al terrero el primer luchador, que se pasea, se sienta o recuesta indolentemente en espera del que el bando enemigo mande en su contra. Por regla general rompen la marcha los débiles (relativamente) y los luchadores nuevos, quedando de reserva para defender el campo los maestros y los atletas. Presentado el contrincante, y después de saludarse (todos son amigos y es muy raro el caso de que las luchas engendren odio), con la mano izquierda agarra cada uno a su contrario por el borde inferior derecho del calzoncillo, y apoyándose hombro contra hombro esperan la voz del juez de campo para agarrar con el brazo derecho la espalda del contrario, y a partir de este momento comienza la verdadera lucha, que termina cuando uno de los contrincantes toca el suelo con cualquier parte de su cuerpo que no sea el pie. Todos los medios de ataque y defensa son permitidos, menos los que envuelvan artería, los que puedan lastimar al contrario, los que no lleven aparejada la nobleza.

Hay luchas relámpago; hay luchas que se prolongan por gran espacio de tiempo; pero sin cansar al público, porque, como es airoso, como es toda en alto, no se pierde un detalle, y los concurrentes, emocionados, siguen con verdadera ansiedad los desvíos, las palmadas, los garabatos, las medias caderas, las zancadillas, las levantadas, los mil incidentes, en fin, de la lucha. El vencedor, después de ayudar a levantar al vencido y del brazo con él, bebe, pasea, habla y espera en el terrero al nuevo rival de momento, que no tarda en mandarle el partido contrario, y no abandona la arena más que vencido, en cuyo caso no toma ya parte en las restantes luchas de la tarde; o vencedor de 5, en cuyo caso tiene derecho a descansar, si quiere, y a seguir tomando parte en las restantes luchas hasta quedarse solo en el campo.

En la lucha canaria, la fuerza es, a no dudarlo, factor importante; pero la agilidad, la rapidez en conocer el ataque del contrario para oponerle el juego conveniente, el arte, en fin, es el factor predominante. Es un ‘jiu jitsu’ primitivo, sin refinamientos, sin conocimiento de la anatomía y con una dosis muy grande de nobleza. Rara vez se aplaude, y cuando por excepción se hace, el aplauso comprende por igual a vencedor y vencido. Las muestras de desagrado son tan raras y tan justas que hay que descontarlas. En nuestro concepto, la lucha en Canarias es superior, por su gallardía y por su mayor arte, a la que hemos presenciado en nuestros teatros, y estamos seguros de que el empresario que se decida a importarla hará un buen negocio si sabe darle la publicidad que merece. Los gastos de indumentaria son pequeños; respetando en la esencia lo que en el país se usa, pueden adornarse algo el calzón y la blusa para darles apariencia artística. La frugalidad de los canarios es de todos conocida, y el traer 30 o 40 luchadores de cartel puede hacerse por muy poco dinero. ¿Habrá alguno que lo intente? De desear sería, y los aficionados se lo agradeceríamos seguramente.

Grandes desafíos

Diario Hespérides, de fecha 24 de enero de 1929:

Para el domingo próximo se anuncia un importante encuentro de luchas canarias en la plaza de toros de esta capital. Nosotros, que somos fervientes admiradores del clásico deporte, hemos sentido íntima satisfacción por cuanto estos espectáculos tienen de atrayentes y simpáticos para los buenos aficionados. A la lucha canaria se le tiene en un olvido imperdonable. Solo de tiempo en tiempo se nos ofrece ocasión de admirar algunas luchas. La que se proyecta para el domingo será, por la índole de los luchadores que en la misma tomarán parte, de las que han de hacer época en los anales del deporte regional. En este encuentro se disputarán el título de campeón regional de la lucha canaria los famosísimos atletas tinerfeños Luis Pagés y [Pedro] Pollo de las Canteras, que han de contender en importante desafío.

La lucha, con solo este aliciente, tendrá una importancia excepcional, pues según nos consta ambos púgiles [luchadores, bregadores…] se vienen sometiendo a un eficacísimo entrenamiento, de lo que es de esperar que dicho desafío será de máximo interés. Se recordará que en el último desafío entre ambos luchadores, celebrado en La Laguna en el mes de septiembre, quedaron empatados a dos luchas, viéndose uno de ellos [Pagés] obligado a retirarse del terrero por resultar lesionado. Recordamos aquella tarde como una de las más memorables de nuestro clásico deporte. Y ahora, seguramente en mejor forma ambos contendientes, es de presumir que se nos ofrezca por ellos una mejor ocasión para el domingo compenetrarnos debidamente del arte y fortaleza de estos dos garridos mozos, que en noble e interesada competición han de disputarse el título de campeón regional entre los luchadores de Canarias.

Pagés no necesita ninguna clase de encomios. Más que conocidas son las aptitudes que le favorecen para el deporte y el alma y los recursos que emplea, sobre todo cuando tiene que habérselas con adversarios de categoría. En cuanto al Pollo de las Canteras, es de los que tampoco se arredran. Fuerte, decidido, acometedor, es de los luchadores que no han sabido aún qué es el miedo… Jamás se podría haber encontrado entre los luchadores canarios una pareja tan completa.

Luis Pagés-Pedro, Pollo de Las Canteras

Uno de los emparejamientos personales más atrayentes y polémicos en su momento fue el que protagonizaron, al menos en tres ocasiones, estos dos grandes atletas del terrero y fieles exponentes del bregar sin concesiones, sin especular, yendo a luchar, a tumbar o a caer, con plena energía, a la que obligaba el rival poniendo todo el conocimiento luchístico al servicio de la causa por la que defendían su indiscutible categoría de luchadores de máxima consideración, su honra y el valioso reconocimiento de los aficionados. Así, fue tanta la expectación generada por esta esperadísima confrontación particular que, como no podía ser de otra manera, el público acudió en masa porque de estas lides siempre se esperaba emoción, incertidumbre y gallardía, mucha gallardía de tan ilustres contendientes.

La prensa de la época, lógicamente, estuvo a la altura de las circunstancias y publicitó como se merecía, antes y después, cada uno de esos acontecimientos, que, además, estaban enmarcados en la rivalidad capitalino-lagunera. Como anticipo a lo que unas líneas más adelante encontrará el lector, exponemos que en estas dos primeras sonadas veces que se midieron Luis Pagés y el lagunero Pedro Rodríguez, Pollo de Las Canteras, fueron sendos desafíos concertados, con mucho ruido en el primero de ellos. Y que la tercera ocasión tuvo lugar durante un encuentro entre bandos que terminó como el rosario de la aurora. Aunque lo de terminar es por decir algo, ya que la luchada se dio por concluida sin completarse los requisitos deportivos establecidos por graves incidentes que nada tienen que ver con los nobles principios de la lucha canaria. A continuación les ofrecemos, con orden cronológico, lo que recogió la prensa escrita de entonces al respecto:

1. Anuncio el 13-9-1928 del primer desafío, en Gaceta de Tenerife:

Con motivo de las fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna, mañana viernes se celebrará en el campo del Real Hespérides, de la vecina ciudad, un encuentro de luchas canarias entre los mejores luchadores de Santa Cruz de Tenerife y de La Laguna. Dicho encuentro, que ha despertado gran expectación entre los aficionados a nuestro clásico deporte, dará comienzo a las tres en punto de la tarde. Tomarán parte en ese encuentro los siguientes luchadores:

Santa Cruz: Luis Pagés, Francisco Suárez, Adrián Hernández, José Hernández, Francisco Rodríguez, Felipe Espinosa, Domingo Suárez, Mariano Cabrera, Manuel Lugo, Luis Batista, Manuel Mendoza, Domingo Estévez, Antonio Díaz, Antonio Domínguez y Benito Cuba.

La Laguna: Pedro Rodríguez, Pollo de las Canteras; Julián Hernández, Sinesio Fernández, Honorio Melián, Carlos Bethencourt, Emilio Hernández, Severiano Rojas, Victoriano Rodríguez, Cristóbal Pérez, Nicolás Díaz, Venancio Rodríguez, Juan Díaz, Lázaro Alonso, Isidoro Díaz y Fermín Díaz.

Jueces de terrero: por Santa Cruz, don Ricardo Campos; y por La Laguna, don Manuel Figueredo.

A mitad de la lucha se efectuará un sensacional desafío, a cinco agarradas, entre los famosos luchadores Luis Pagés y el Pollo de las Canteras. [El desafío no pudo completarse porque, con empate a dos luchas, Pagés se retiró argumentando estar enfermo].

2. Anuncio el 20-9-1928 del segundo desafío, en Gaceta de Tenerife. El inconveniente de la retirada de Pagés propició que el Pollo de Las Canteras retara públicamente a su adversario para un nuevo desafío. Y lo hizo enviando una carta el 17 de septiembre, con ruego de difusión, al director de Gaceta de Tenerife: «Muy señor mío: le agradeceré mucho se digne insertar en las columnas de su ilustrado diario la carta que dirijo al amigo y compañero don Luis Pagés». Y se explica al puntal capitalino con el siguiente contenido:

Señor don Luis Pagés. Muy señor mío:

Como el encuentro de cinco luchas que el día del Cristo tuvimos en el campo del Hespérides quedó sin resolver, no por causa mía, ciertamente, sino porque usted se retiró del terrero porque estaba enfermo, cosa que de no haber ocurrido tengo la evidencia de que usted no me hubiera vencido, le reto para el domingo próximo 23 a un nuevo desafío, a cinco o siete luchas con solo cinco minutos de intervalo entre lucha y lucha, a fin de no molestar demasiado al público para el cual debemos tener toda clase de consideraciones y respeto. Es el mejor medio de despejar la incógnita que tan viva curiosidad ha despertado entre los amantes de nuestro deporte regional.

Las Canteras, 17 de septiembre de 1928.

[En los carteles anunciadores se recogió la celebración del desafío en el campo del Real Hespérides, para el domingo día 23 a las 4:30 de la tarde, como desempate para proclamar al campeón. Pero no llegó a disputarse porque Pagés se lesionó la rodilla en un entrenamiento].

Y así quedó reflejado: «Para el domingo se hallaba concertado, para celebrarlo en el campo del Real Hespérides, el desafío entre el Pollo de las Canteras y Pagés, por no haberse decidido claramente el que tuvieron el día 14 en La Laguna. Pagés, que se venía entrenando para este encuentro, sufrió anoche una lesión que le imposibilitará actuar por algún tiempo. En dicho entrenamiento parece que Pagés y su contrincante se trabaron un cango tan formidable y recio que ambos forcejearon poderosamente para resistirlo, sufriendo el primero en la lucha la distensión ligamentosa de la rodilla derecha, teniendo que ser conducido a la Casa de Socorro para curársele de tal lesión. Por tal motivo, el desafío que se anunciaba para el domingo no lo podrá ventilar Pagés, que se verá obligado a permanecer retirado algún tiempo del terrero para atender a la completa curación de la lesión sufrida».

2.1. Anuncio y disputa del segundo desafío. Con Pagés aparentemente recuperado, cuatro meses después se llevó a cabo el segundo desafío entre ambos. Fue anunciado por todo lo alto para el 27 de enero de 1929 en la plaza de toros de Santa Cruz, con el título de campeón del archipiélago en juego y dando brillo al encuentro entre treinta luchadores de la isla a lucha corrida. El desafío no tuvo más historia que el triunfo inapelable y contundente de Pedro, Pollo de Las Canteras, al darle tres luchas seguidas.

3. Mordisco. Casi dos años después de medirse en desafío (8-9-1930), Pagés y el Pollo de Las Canteras volvieron a ser el principal reclamo para el público en una luchada por las fiestas del Socorro, en Güímar. Cada uno encabezaba respectivamente los partidos de Santa Cruz (Pagés) y La Laguna, que estuvo reforzado por algunos luchadores de Güímar. La esperada contienda, que resultó del agrado de los espectadores en líneas generales, estuvo marcada por una mordida del Pollo de Las Canteras a Pagés en su segunda agarrada, con la primera separada. El hecho, que atentó contra uno de los principios innegociables de la lucha canaria y manchó la figura del contundente bregador lagunero, fue detallado de esta manera en el periódico Gaceta de Tenerife el 9-9-1930:

El local donde se celebró el encuentro estaba completamente lleno de público, lo que demuestra el interés que había por presenciar las luchas, pues augurábanse reñidísimas.

La lucha registró empate debido a que no se llegó a terminar, por un incidente surgido a última hora que obligó a la Guardia civil a suspenderla. El incidente lo originó el Pollo de las Canteras, que, al verse incapaz de vencer a Pagés, en una de las veces que agarraron le da una formidable mordida en el hombro derecho, armándose entonces el gran escándalo. Pagés fue curado en la farmacia de Güímar. El proceder del Pollo de las Canteras fue censuradísimo, elogiándose en cambio a Pagés, que, después de agarrar unas ocho veces, tuvo arrestos todavía para acometer con valentía al pollo, al que no derribó por las marrullerías que este empleó en todo momento, llegando incluso a meter la cabeza debajo del cuerpo de Pagés para no dejarlo accionar.

Rivalidad Santa Cruz-La Laguna

Los aficionados a la lucha canaria conocen los famosos enfrentamientos y la gran rivalidad entre Santa Cruz y La Laguna desde aquellos encuentros entre los bandos o partidos encabezados por Pancho Suárez, Pollo de Los Campitos; Rafael Déniz, el Cañero; o Luis Pagés, quienes representaron a la capital tinerfeña; y los laguneros Ángel Álvarez, Angelito, o Pedro Rodríguez, Pollo de Las Canteras, por parte de la ciudad de Aguere. Pasando por los choques entre el Fomento de Luchas Canarias y la Asociación de Luchadores Laguneros, allá por el año 1916, una vez constituidas las primeras asociaciones que incluían en sus secciones deportivas un equipo de lucha. O aquellos enfrentamientos entre dos colosos de la lucha canaria en Tenerife, como fueron Francisco Marrero, Pancho Camurria, a la cabeza del Asociación Deportiva Tinguaro Club de Lucha, de la capital chicharrera, y Leoncio de la Rosa, Carampín, con el Acaymo Club de Lucha, de La Laguna. Hasta llegar al final de los años cincuenta y principio de los sesenta a los históricos encuentros entre el Santa Cruz Club de Lucha y el Real Hespérides.

Pero fue en 1960 cuando el equipo de la capital dio un salto de calidad, tras haberse proclamado campeón de liga de segunda categoría en la temporada 1957-1958, con la denominación Unión Santa Cruz, y el ascenso a primera categoría la campaña siguiente con la nueva denominación Santa Cruz Club de Luchas. A intérpretes como Fermín Cabrera; Perico Perdomo; Sergio Medina, Pollo de Lugo; Domingo Cruz, Pollo de Los Campitos; Demetrio Meme Domínguez, Pollo del Rápido; Álvaro Arvelo, Pollo de la Capital; Nino Morales; Antonio Alonso; y Tino Dieppa se les unió, después de un controvertido fichaje, el gran puntal lanzaroteño Andrés Luzardo, Pollo de Máguez.

Los de La Laguna (Real Hespérides), después de pasar por una grave crisis de identidad que los obligó a retirarse de la competición la temporada anterior, reaparecieron gracias a la labor de una nueva junta directiva con gran sentido de la responsabilidad, seriedad, rigor y organización. Contaba en sus filas, por aquella época, con destacados bregadores como Marcelino Rodríguez, Jesús Dorta, Alberto Bacallado, Jesús Rodríguez, Juanito de la Rosa, José Fortuny, Félix Herrera y José Rodríguez, Pollo de Las Canteras, más las incorporaciones de dos luchadores de gran calidad: Vidal Martín, Pollo de El Tablero, y el grancanario Orlando Sánchez, el Estudiante.

El Santa Cruz vivía momentos de éxito teniendo en cuenta el potencial de su plantilla y que, en los prolegómenos de la temporada 1959-1960, sus encuentros se contabilizaban por victorias que le daban el título de campeones del tradicional Torneo Preparatorio, que se solía celebrar al inicio de cada temporada como arranque. La liga comenzó con buen pie para los santacruceros, al sumar sendos triunfos en su doble enfrentamiento con el Rosario, de Valle de Guerra, pero la consecución del título quedaba a expensas de lo que sucediera en su compromiso contra el Real Hespérides. Y a los dos grandes de la época les tocó medirse el domingo 16 de octubre de 1960 en la plaza de toros. En el gran coso de la lucha canaria tinerfeña era tanta la rivalidad que, por si faltaba algún aliciente, el choque decisivo se denominó La lucha de las pancartas, con un contenido en una de estas que no fue del agrado de mucha gente ni de los medios de comunicación.

Andrés Simó:

La aparición de ese cartel seguramente pudo haber cambiado la suerte del encuentro, ya que en la previa y sobre todo para los aficionados locales, el equipo de la capital era el claro favorito para el triunfo y alzarse así con el título de campeón de liga. Solo fue una anécdota y posiblemente habrá muchas versiones sobre la famosa Lucha de las pancartas tan respetables como las que les voy a narrar. La información me llegó de una fuente directa y tan fidedigna como mi padre, Alberto Simó, que por aquella época ejercía de secretario del Real Hespérides. Todo empezó cuando los componentes del Real Hespérides se percataron de una pancarta desplegada en el graderío en la que se podía ver una caricatura del Pollo de Máguez con un tenedor en sus manos y sujetando un pollo, lo que daba a entender que se trataba del mismísimo puntal lagunero y principal adversario a tener en cuenta: José Rodríguez, Pollo de Las Canteras.

Algunos luchadores del Real Hespérides, curtidos en mil batallas y bastante avispados, a sabiendas de que el Pollo de Las Canteras era hombre extremadamente tranquilo (todo lo contrario que su padre, el famoso Pedro Rodríguez, también denominado Pollo de Las Canteras), pero que cuando lo picaban o tocaban su orgullo era hombre temible, llaman su atención y en tono irónico le señalan aquella famosa alusión en la que supuestamente lo ridiculizaban. El bonachón puntal de los laguneros alzó su vista y cuando vio las caricaturas, sin más dio media vuelta y el resto lo dejó para cuando saltara a la arena. Nadie sabe si aquel fue el detonante para que este gran luchador saliera decidido a vencer a su máximo rival y dar en tierra con quien se le pusiera por delante. Tampoco podemos decir con certeza si por el contrario fue el emparejamiento entre Vidal Martín y Nino Morales, que tanto daño le hacía este a la cola del Real Hespérides, lo que cambió los designios de la lucha; o si el revulsivo fue la incorporación al equipo lagunero del gran luchador grancanario Orlando Sánchez, el Estudiante. Pero lo que sí resultó evidente es que el Pollo de Las Canteras, después de verse reflejado en aquella pancarta, no dio opciones a sus rivales.

La crónica de aquel comentadísimo encuentro la podemos leer en el periódico Aire Libre del 17 de octubre de 1960, firmada por el periodista con seudónimo Mínguez:

El equipo de luchas del Real Hespérides, campeón de Tenerife. Ayer, ante un gran gentío congregado en la plaza de toros, venció al Santa Cruz por 12-10. El Estudiante y el Pollo de Las Canteras fueron las figuras de la jornada.

La final del campeonato de Tenerife, valedero para decidir el equipo que represente a nuestra provincia en Madrid contra el líder de Las Palmas, hizo que la plaza de toros presentara un extraordinario aspecto y una entrada imponente. Y hasta unas pancartas impropias del ambiente que se respira en los terreros —se va perdiendo el tipismo de la lucha— hicieron su aparición para animar al Santa Cruz con más entusiasmo que sentido. En medio de los aplausos de sus respectivos seguidores, salieron al terrero Santa Cruz y Real Hespérides capitaneados por Pollo de Máguez y Pollo de Las Canteras, respectivamente. Director de la contienda, Jeremías González.

[Recuperamos lo más destacado del desarrollo]:

La primera agarrada corresponde a Rojas, del Hespérides, y Fermín Cabrera. Gana las dos seguidas este último. 1-0 para los de la capital.

Chávez, del Santa Cruz, y Marcelino Rodríguez son eliminados al no acertar a tirarse las tres veces. Y oyen pitos. Marcador 2-1.

Empate a dos: Jesús Dorta elimina, por 2-1, a Cabrera.

Bacallado, por los laguneros, y Perdomo agarran a continuación. Por 2-1 vence Perdomo y pone el marcador 3-2.

El Pollo de Lugo elimina las dos seguidas a Jesús Dorta y pone el marcador en 4-2.

Sánchez, del Hespérides, elimina a Pollo de Lugo y pierde el Santa Cruz un valioso elemento, por 2-1 y empate a cuatro.

(suena por los altavoces la voz emocionada del locutor, que dice: «Atención, una gran noticia: el Tenerife ha vencido al Levante, por 2-1». Y se produce una cerrada ovación).

Sigue la lucha. El Pollo de los Campitos supera a Juanito de la Rosa, por 2-0, y vuelve el Santa Cruz a estar adelantado en el marcador: 5-4.

Álvaro Arvelo, el Pollo de la Capital, vence también por las dos seguidas a Sánchez. 6-4 para el Santa Cruz.

Vence de nuevo el de Los Campitos, por 1-0 y dos nulas, a Jesús Rodríguez, marcador 7-4.

Fortuny y Arvelo, quien vence las dos seguidas y marcador 8-4.

Parece que la lucha está virtualmente decidida… Orlando Sánchez, el Estudiante, da ánimos al Hespérides y vence a Ramón de la Rosa, por 2-0. Marcador: 8-5.

Ahora, un emparejamiento de relieve y hasta cierto punto decisivo, en cuanto al cambio originado en el transcurso posterior de la lucha: Vidal Martín, por el Hespérides, vence por 2-1 a Nino Morales. Por cierto, que en la segunda de Vidal el desenlace no fue muy claro ya que los dos cayeron a la tierra, en raro movimiento, pero el árbitro decidió el triunfo del puntal hesperidista y ello valió una gran bronca del público, que estimaba al menos revuelta. Marcador 8-6. Y surge el empate a 8. Vidal Martín —al que le sobraron saludos hacia el público— eliminó a Álvaro Arvelo, por 2-0.

Por vez primera se pone en ventaja el Hespérides. El Pollo de Las Canteras hace su aparición ante la satisfacción de los hesperidistas y deja fuera al Pollo del Rápido, por 2-0 (8-9).

Empate a nueve. Gana en emoción la lucha. Antonio Alonso es el vencedor de su pugna con Vidal Martín.

Sigue adelante el Pollo de Las Canteras. Elimina nada menos que al Pollo de Máguez al ganarle las dos seguidas. Aquí parece ya decidida la luchada. Marcador 9-10.

El Estudiante elimina a Antonio Alonso y toma más ventaja el Hespérides: 9-11.

Sale Félix Herrera para enfrentarse a Tino Dieppa. Y vence este, por 2-0. Marcador 10-11. Las esperanzas del Santa Cruz quedan en su único hombre disponible: Dieppa. Pero tenía que enfrentarse al Pollo de Las Canteras, que fue el artífice de la jornada y cayó vencido el del Santa Cruz ante el capitán hesperidista, que le dio las dos seguidas. Marcador final: 10-12. Ovación para los hesperidistas, que se abrazan y levantan en hombros a su entrenador, Inocencio de la Rosa.

Campeón de Tenerife, el Hespérides. ¡Enhorabuena! Ahora, a Madrid por vez primera en la historia de la lucha canaria para dilucidar el máximo título del archipiélago, a la vez que se hará una demostración de lo que es nuestro deporte típico. ¡Mucha suerte y feliz exhibición! [El campeón de Las Palmas fue el Ajódar].

Los magníficos luchadores del Real Hespérides se proclamaron campeones de Tenerife ante millares de espectadores que llenaban la plaza de toros. Fue un triunfo brillante, sin mácula, en el que el Estudiante y el Pollo de Las Canteras se convirtieron en principales artífices. Excelente por todos los conceptos resultó la jornada, pues si bien el Santa Cruz, su rival, no brilló a la altura que cabía esperar, hay que admitir que el bando de La Laguna no dejó un resquicio para que los de la capital se movieran a su antojo. El título está en buenas manos y toda la afición deposita su confianza en el Real Hespérides, ante la disputa del máximo título del archipiélago frente al campeón de la isla vecina, título máximo que esta vez, como gran novedad, se disputará en Madrid. ¡Enhorabuena, campeones!

Despedida de Camurria

Julio Barroso dejó su sello en prensa escrita respecto al anuncio de retirada del admirado bregador tinerfeño Francisco Marrero, Pancho Camurria. El autor se refirió así a Francisco Marrero, Pancho Camurria, en el periódico Aire Libre el 7 de mayo de 1951:

Desde que he tenido uso de razón, siempre he sido seguidor de la lucha canaria. Recuerdo que hace más de 25 años, cuando entre un grupo de muchachos se enfrentaban en un campo organizado por ellos donde se llamaba La Caleta; o sea, en la antigua Hacienda, comenzaron a destacar Camurria, Chochero y Rogelio Albertos, el Artista. Fue entonces cuando nació el adjetivo de maestro a Camurria. Allí empezó a revivir la afición en esta capital, rodando de un lado a otro, pero siempre con el empeño de hacer luchas y más luchas. Este deporte tuvo sus malas épocas, como la actual, y también otro mal momento cuando la guerra, pero a pesar de ello nunca dejó de hacer sus entrenamientos el maestro Camurria. Aunque siempre se ha dicho que una retirada a tiempo es una victoria, en este caso no es igual. En la actualidad, la lucha ha decaído. ¿Y qué sería de la lucha si en estos momentos se retirase el que le ha dado vida y ha mantenido en todo momento el entusiasmo?

Además, creo que tampoco es el momento porque a este hombre se le deben tributar todos los honores que merece, pues por el amor patrio no solo le ha dado valor en estas islas sino que además la ha llevado al extranjero, y siempre ha estado dispuesto para exponerla a cuantos turistas pasan por nuestra isla. Siempre se ha hablado de hacerle un homenaje, pero nunca le ha llegado porque no creíamos que Camurria se retirase; pero ya vemos que va ser una realidad. En la vecina isla se ha despedido y ya en Tenerife no lucha. Pero Tenerife no debe olvidar a Camurria. Es obligación de todos rendir tributo de agradecimiento y simpatía a uno de los mejores deportistas que ha dado la isla. Si en otros deportes los han efectuado, al maestro de la lucha, por ser nuestro típico deporte, debemos rendir el gran homenaje que sirva de ejemplo a todos ya que la vida deportiva de Camurria — 23 años de educación física y moral— es a ello acreedora.

Homenaje

Aire Libre, del 23 de julio de 1951:

El torneo relámpago resultó un éxito. El Tinguaro ganó la Copa del Ayuntamiento. La calurosa tarde de ayer (22 de julio de 1951), en el bello marco del estadio del CD (Club Deportivo) Tenerife, fue la fecha elegida para el merecido homenaje al veterano maestro de la lucha: Camurria. Asistió bastante público, pese a que la tarde invitaba más al monte y a la playa. Y el espectáculo deportivo resultó magnífico, a tono con la finalidad perseguida. El público aplaudió largamente diversas luchas, especialmente algunas de [Santiago] Cubanito; Leoncio de la Rosa, Carampín, y [Cándido] Matoso, y tuvo al final una cariñosa ovación para Camurria, cuando en el centro del terrero recibió como recuerdo de esta jornada la copa que le entregó Matoso en nombre del victorioso Tinguaro. Tuvo la luchada la originalidad de ser con la fórmula de torneo relámpago, modalidad que resultó más brillante aun por haber resultado finalista y vencedor el equipo tinerfeño.

Previo sorteo, se enfrentaron primeramente el Tinguaro y el Tumbador, venciendo el Tinguaro por 6-3. Aquí hay que destacar unas soberbias luchas del Pollo de Arrecife [Heraclio Niz], que eliminó a Felipe del Castillo y al Pollo de las Mercedes [José Pérez]; y también un triple triunfo de Carampín y la lucha final, en la que Matoso se deshizo brillantemente del temible luchador de Arrecife. Luego salieron al terrero el Rumbo y el Adargoma. La lucha transcurrió muy nivelada, con unas pinceladas de emoción a cargo del escurridizo Gato, del Rumbo, que finalmente fue vencido por el Palmero [Alfredo Martín]. Cuando el marcador iba 5-5 tocó decidir el triunfo nada menos que a Cubanito, por el Rumbo, y el Palmero, por el Adargoma; los dos colosos de la vecina isla a los que por vez primera vimos agarrar en Tenerife. Fueron dos luchas plenas de vigor y emoción, ambas ganadas por Cubanito, a quien el público obsequió con aplausos muy nutridos. La final la disputaron el Tinguaro y el Rumbo. Venció el equipo tinerfeño por 6-3. Tuvo [Francisco] Capitanito una lucida actuación. Carampín se deshizo también de dos rivales, y Cubanito tuvo que eliminar a tres tinerfeños antes de enfrentarse con Matoso, quien venció a su rival y rubricó la victoria del equipo tinerfeño.

En resumen, una jornada muy grata, bien desarrollada y que satisfizo al numeroso público. Así se llevó a la práctica el homenaje a Camurria, cuya retirada de los terreros se dejará sentir, pues artistas de su talla pocas veces se dan en el típico deporte canario. Entre otros agradables recuerdos, al artista tinerfeño le quedará la copa ofrecida por el Ayuntamiento de Santa Cruz para ese acto, que le fue entregada por el equipo ganador, y el buen espectáculo que dieron los valiosos luchadores reunidos ayer para testimoniar su estimación al buen compañero.

Vinculación de la mujer con la Lucha Canaria

Por el año 1879, desde los propios medios de comunicación se instaba a las instituciones públicas a que no autorizaran la celebración de encuentros de lucha, al tratarse, según detractores enfundados de injustas autoridades, de un deporte vulgar y poco culto. Y se llegó hasta el punto de que el delegado del Gobierno prohibió las luchadas en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria por los escándalos que se producían. Por ello, se deduce que en esa época se entendía que la presencia de la mujer en los terreros era al menos desaconsejable. Sin embargo, mientras que a la fiesta de los toros se permitía la asistencia del bello sexo, a las luchas no, por costumbre, y no porque haya en ellas nada de particular que establezca la prohibición.

Pero una noticia publicada en el periódico El Progreso, de fecha 6 de junio de 1916, dio un giro a la situación. Aquella crónica decía lo siguiente: «Hoy nos ha visitado una comisión de luchadores para anunciarnos que, en contra de lo que se había dicho, el domingo próximo se volverá a luchar en el Parque Recreativo. Las luchas del domingo tendrán mucha más importancia que las anteriores, pues en ella tomarán parte catorce afamados luchadores de ambos partidos. Los luchadores se proponen, con objeto de que pueda asistir al espectáculo el ‘elemento femenino’, luchar con traje de punto bajo de las ropas de luchas, no vistiéndose ni desnudándose como es costumbre sobre el terrero. Las luchas darán comienzo a las dos de la tarde. Mucho nos satisface el incremento que de nuevo va tomando el noble sport canario».

De esta información se deduce que uno de los inconvenientes para que la mujer pudiera asistir a los encuentros era que los antiguos luchadores no utilizaban prenda debajo del pantalón de brega que cubriera sus partes íntimas y evitara así que en determinadas situaciones, provocadas por los lances propios de la brega, quedaran al descubierto. Al mismo tiempo, la costumbre de aquella época, al carecer de las instalaciones adecuadas y de lo que hoy conocemos como vestuarios, obligaba a los luchadores a cambiarse de ropa en el propio terrero, desnudándose a la vista de los espectadores. Pero en una reunión de un grupo de luchadores entendieron que había que cambiar algunas viejas costumbres para que a la mujer se le permitiera presenciar los encuentros de lucha, más aún con la gran afición que estas profesaban al deporte vernáculo. Y esa circunstancia abrió nuevas expectativas, porque la mujer no solo ansiaba presenciar las luchadas, sino que en algunos casos hasta deseaba participar, cuestión que por aquella época estaba descartada. De tal manera que el cronista Antonio de Ayala deja interesantes referencias al respecto en su libro La Lucha Canaria, en el que cuenta grandes hazañas de algunas mujeres que se atrevieron a ponerse la ropa de lucha para medirse en la brega con grandes luchadores.

María Antonia, de Chiñama

Del libro La Lucha Canaria, de Antonio Ayala, páginas 69, 70 y 71:

Juan Miguel y María Antonia eran dos gemelos, de Chiñama [Granadilla de Abona], tan parecidos que hasta sus viejos padres los confundían cuando ellos cambiaban las ropas para gastarles bromas. Tanto él como ella eran corpulentos y poseían extraordinaria fuerza. Se decía por ello en el sur que el entronque de sus raíces tenía un origen guanche. Juan Miguel llevaba el peso de la labranza y María Antonia, el de la casa, ayudando también a su hermano en algunas labores del campo. A Juan Miguel eran pocos los que le metían las cabras en el corral con los pantalones de lucha, por lo que era considerado como uno de los buenos luchadores del sur. Para que ningún luchador le descubriera su lucha, Juan Miguel hacía los entrenamientos con su hermana María Antonia. Estos entrenamientos los presenciaban solamente los padres de los jóvenes, señor Rafael y señora Dolores. Y si buenas luchas daba Juan Miguel, no menos costalazos pegaba María Antonia, prolongándose el blandeo hasta que el anciano padre ponía fin a ellos so pretexto de tener que madrugar al día siguiente.

Por aquel tiempo tuvo lugar una luchada en El Médano, entre los mozos de Chasna contra los de Granadilla. Juan Miguel se hallaba en el terrero venciendo contrarios cuando se le enfrentó un forzudo de Agaete, Antonio Saavedra, patrón de velero, que se hallaba viendo la agarrada. El mozo grancanario, de un formidable desvío, tiró al chasnero de Chiñama y prosiguió la agarrada con nuevas derrotas de chasneros. Juan Miguel, desde que quedó vencido por el grancanario, vio que la cos3a iba mal para su bando y se confió a su hermana María Antonia, que presenciaba la luchada casi oculta en el corro. Le habló secretamente Juan Miguel y se la llevó a una casuca, donde le rasuró un poco el pelo, le puso la ropa de lucha y la envió al terrero a vengar su derrota y la de su bando.

Saavedra, que seguía en el terrero, al ver aparecer a María Antonia se negó a pegar alegando que ya había caído (tal era el parecido de los gemelos), pero la presencia de Juan Miguel exponiendo que era un primo suyo despejó la duda y pegaron. La victoria sonrió a María Antonia, que hizo una barrida quedándose en el terrero. Aquella hazaña le costó a María Antonia tener dos meses la cabeza forrada con un pañuelo, excusándose con dolor de cabeza, para que sus padres no se enteraran de la verdad, pero andando el tiempo —unos dos años después— lo supieron con gran alegría.

La fama de luchador de Juan Miguel estaba extendida por todo sitio. Y un día muy tempranito se presentó en su casa un luchador y potente como el de Chiñama, deseando medirse con él. El luchador chasnero no estaba en su casa y así fue informado por María Antonia, la que al propio tiempo que hablaba recogía del suelo un grueso y pesadísimo dornajo de tea que las mulas habían tirado por la noche, colocándolo sobre los dos cantos al efecto. Aquella demostración de poder de María Antonia hizo arrepentirse de sus propósitos al de Aripe, que no esperó para saludar al de Chiñama.

La hermana de Carampín

Extracto del libro La Lucha Canaria, de Antonio Ayala, página 76: «Leoncio de la Rosa, Carampín, hablaba así de su hermana: “Luchar no lucha, sabe. Esa es la verdad. Pero alguna vez nos pegamos en broma y me da cada costalazo. Es una mujer fuerte que para calcular su poder basta con verla estibar un carro manejando los sacos como cartuchos de carbón. Cuando se pone los pantalones de lucha y me rodea la cintura con el brazo, me da la impresión de estar pegado con el Faro de Maspalomas. Fíjese, nos dice, que mi hermana Carmen —y nos fijamos, efectivamente— es mujer de la talla de Jorge Marón”».

Elección de la Reina de la lucha en 1951

Otra de las curiosidades que ponemos de manifiesto en cuanto a la vinculación de la mujer con nuestro deporte eran los concursos de belleza para elegir a la Reina de la Lucha Canaria.

En esta ocasión exponemos el que tuvo lugar en Santa Cruz de Tenerife durante los días 5 y 6 de mayo de 1951, coincidiendo con las fiestas de mayo de la capital y con motivo de la celebración de los dos encuentros de selecciones en los que se enfrentaban los combinados de Tenerife y Las Palmas esos días en la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife. La prensa de la época, como por ejemplo el semanario Aire Libre de los días 30 de abril y 7 de mayo de 1951, decía lo siguiente: «Con ocasión de las luchadas del sábado y domingo próximos a cargo de las selecciones de Las Palmas y Tenerife, se procederá a la elección de la Reina de la Lucha Canaria 1951, entre un ramillete de bellas señoritas que representan a los clubes actualmente formados.

Es otro de los simpáticos alicientes de nuestro típico deporte. Presentamos a continuación a algunas señoritas que tomarán parte en el concurso. En la fotografía se puede comprobar algunas de las candidatas que se presentaron al certamen, entre las que se encuentran Carmita Pérez Rivero, representando al Club de Lucha Chimisay, de Arafo; Victorina Santana Díaz, por el Unión Glorieta, de Las Canteras; Concepción García Gutiérrez, por el CD Rosario, de Valle de Guerra; Mercedes Alonso Bethencourt, por el Benchomo, de la capital tinerfeña; Lolita Padrón González, por el Arguama, de Igueste de Candelaria; y por último, Victoria García de la Rosa, del Club de Lucha Unión San Antonio, de La Matanza. Proclamándose Reina de la Lucha Canaria 1951, Carmita Pérez Rivero, del CL Chimisay de Arafo».

El Teatro Leal y la Lucha Canaria

El Teatro Leal, de La Laguna, es sin duda uno de los edificios culturales más emblemáticos de esta isla junto con el Teatro Ángel Guimerá, asentado en Santa Cruz de Tenerife. Del Leal, como se le conoce popularmente, situado en la calle Obispo Rey Redondo, el blog GEVIC recoge que «fue construido por orden de Antonio Leal en 1915, con planos del arquitecto Antonio Pintor. Es un edificio de estilo netamente ecléctico que, desde su inauguración, acogió actuaciones teatrales, musicales, espectáculos de magia e ilusión, zarzuelas, operetas, bailes y proyecciones cinematográficas, además de celebraciones populares como las relacionadas con las fiestas de San Benito. Incluso se celebraron en él competiciones de lucha canaria».

La historia cuenta que el Teatro Leal tuvo dos inauguraciones: una oficiosa el 11 de septiembre de 1915, por la fiesta de las Hespérides, organizada por el Ateneo de La Laguna coincidiendo con las fiestas del Cristo y concebida como acto de fraternidad insular; y otra oficial, con el teatro prácticamente acabado, poco más de un mes después (26 de octubre). Al año siguiente de su inauguración y con motivo de los actos en honor del Cristo de La Laguna, el 10 de septiembre de 1916, se celebró un encuentro de lucha canaria en el Teatro Leal, en el que se enfrentaron los bandos de La Laguna y Santa Cruz. Una crónica del periódico Gaceta de Tenerife lo relataba de la siguiente manera:

Efectuose ayer en el Teatro Leal de la vecina ciudad una luchada entre los partidos de La Laguna y esta capital. El público quedó satisfechísimo; hubo durante el espectáculo orden y tranquilidad; el interés en dejar bien puesto el nombre del partido no destruyó los sentimientos del compañerismo, y fueron arte y nobleza las dos notas características de los combates entablados entre los luchadores. Un poco de tacto y entusiasmo por parte de las personas que figuran al frente de los partidos y tenemos asegurada sobre bases muy lisonjeras la restauración del simpático e interesante deporte canario. Las luchas definidas fueron treinta; de ellas, 17 a favor de Santa Cruz y las restantes, al partido de La Laguna. Los afortunados que se repartieron el homenaje de los espectadores: Leonardo Morales, Correa, el Grande, y [José Martín] el Sopo.

– La 1.ª, 3.ª y 4.ª luchas quedaron a favor de La Laguna; la 2.ª quedó para Santa Cruz.

– Tomás Albertos, de esta capital, gana la 5.ª y 6.ª y se retira.

– Se presentan dos nuevos luchadores, uno de ellos, Leonardo Morales, por Santa Cruz, que gana seguidas cuatro luchas (7.ª, 8.ª, 9.ª y 10.ª).

– Leonardo Morales no se retira a pesar de que se presenta en el campo esa tontería de luchador conocido ya por Correa, el Grande.

– El encuentro es emocionante; forcejean y trabajan, se atacan y contraatacan; Correa encuentra debilitado al contrario y lo sacude como una brizna, pero Morales no cede, se defiende y hasta pone en peligro a Correa y al fin dejan en suspenso la lucha.

– La 11.ª la gana José Reyes, Balas de harina, y este es vencido (lucha 12.ª) por Manuel Valencia; la lucha fue de lo mejor de la tarde y el valiente luchador Valencia es aplaudido con entusiasmo. Este gana también el encuentro 13.º, ante Francisco González, y es vencido en el 14.º por Salvador Guerra, que a su vez es vencido por Rosas (lucha 15.ª).

– Santa Cruz queda vencedor en los encuentros 16.º y 17.º.

– Agarran en la lucha 18.ª Angelito y el Indio [Manuel Mora]; es una de las parejas mejor recibidas por el público en todas las luchadas. Angelito arma lucha y es vencido cuando parecía suya la victoria.

– El Indio y Antonio, Hojita, agarran repetidas veces y se retiran a descansar.

– Otro luchador de Santa Cruz gana la lucha 19.ª.

– Al fin, en otro encuentro (20.º) es vencido el Indio.

– Y tenemos otra vez en el terrero a Correa y Leonardo; vence Correa, apuntando para La Laguna la lucha 21.ª y repite la suerte en la lucha 22.ª.

– Ricardo Campos sale a medirse con el vencedor y tienen que retirarse después de agarrar varias veces.

– La lucha 23.ª la gana otro luchador de La Laguna y este es vencido en la 24.ª por Clemente.

– Lucha 25.ª: Correa y Ricardo, venciendo Correa.

– Julián Hernández vence a Clemente (lucha 26.ª).

– Julián mide sus fuerzas con un fuerte luchador llamado Antonio Luis, pero no consiguen dominarse.

– Correa, el Grande, en el encuentro que hace el número 27 gana a José Delgado.

– Para vengar la derrota sale el Sopo, que tira a Correa con una poderosa levantada y con dos luchas de maestro a otros dos luchadores (29.ª y 30.ª).

– El capitán y Tomas Albertos agarraron, clavaron los pies en tierra y no hubo nada; ninguno quiso arriesgarse a intentar la victoria por temor de ser vencido.

En un desafío a cinco luchas entre Angelito y Pepe Delgado ganó Angelito, por una lucha de ventaja.

Y hasta la próxima.

Cuando el Real Casino de Tenerife se convirtió en un terrero

Aire Libre (26 de agosto de 1946), con la firma de Emilio Rivero:

Al desaparecer Juan Díaz, Rubio del Bufadero, y sus compañeros de lucha de los terreros de Tenerife, sufrió esta capital una larga crisis de luchadores que duró desde 1880 hasta 1914, que fue, como ya hemos dicho, la fecha en la que se organiza el Fomento de Luchas Canarias en esa capital. Sin embargo, en este lapso de tiempo no se perdió del todo la afición en Santa Cruz. Virgilio Ghirlanda había aprendido a luchar en La Laguna, cuando cursaba los estudios de bachillerato, y hasta había tomado parte en más de una ocasión en aquellas célebres luchadas que se celebraban entre estudiantes en el patio del instituto de la vecina ciudad, enfrentándose dos bandos, uno denominado Gofio y otro Café. Virgilio pertenecía a este último y era una de las primeras figuras del terrero que ponía en jaque a Juan Bacallado, de La Esperanza, y a Toribio Lemus, de Tacoronte, que también estudiaban el bachillerato y que constituían la plana mayor del bando Gofio.

Cuando Ghirlanda regresó de Granada, terminada ya su carrera de Derecho, no habla perdido un ápice de su afición a la lucha ni se había olvidado de su técnica y de sus mañas, y no perdía ocasión, donde quiera que se hallara y se hablara del deporte típico, para hablar de él con gran entusiasmo pregonando sus excelencias a los cuatro vientos. Llegando a tal su entusiasmo que, siendo directivo del Casino Principal, habilitó un salón en dicho edificio para los entrenamientos poniéndole un tapiz de gruesa alfombra para evitar posibles raspones y amortiguar la dureza de algunas caídas. Virgilio, con su propaganda, consiguió llevar a los entrenamientos como discípulos suyos a Juan Díaz Rodríguez, el de Ventoso; a Salvador Roca, a Luis Cabeza, a Pepito de la Rosa y a otros muchos que no recuerdo ahora sus nombres; entrenamientos a los que asistían todas las tardes la mar de socios aficionados para ver taleguear [dar talegazos, en términos de lucha canaria] a los pipiolos en manos de Virgilio, después de explicarles teóricamente las lecciones de lucha. A estos entrenamientos llegaron a asistir Manuel Vera, Mandarria, y Pascual Hernández, en ocasión de haber llegado a esta isla con el propósito da organizar espectáculos de lucha.

Por demás está decir que cuando estos luchadores entrenaban unos con otros y con los discípulos de Ghirlanda, el Casino se convertía en un verdadero circo de lucha, porque no quedaba un socio que, la mar de entusiasmado, no fuera a presenciarlos. Allí no faltaba la cerveza para que se refrescaran los entrenadores ni el coñac, como energético, para los pusilánimes; todo costeado por los socios más aficionados, dándose el caso de que algunos de los luchadores salían, algunas veces, con más ganas de hacer ejercicio de boxeo que de luchar».

La Esperanza, cuna de grandes luchadores

El prolífico Emilio Rivero también dejó constancia en el semanal de cada lunes Aire Libre de su opinión sobre la lucha canaria en el municipio de El Rosario, firmando el artículo del 25 de marzo de 1943, que decía:

Pasemos hoy revista al Rosario, por otro nombre La Esperanza, pueblo de modestos labriegos, de morigeradas costumbres y de más que probado amor a la pila donde recibieron las aguas bautismales. Es este lugar de La Esperanza uno de los pueblos de la isla donde se conservan en su más prístina pureza las tradicionales costumbres legadas de sus antepasados. El tajaraste, la isa en cadena, la malagueña, folias, seguidillas y saltonas se bailan y se cantan aún en sus bailes y parrandas callejeras, con preferencia a los bailes y cantos exóticos que las vías de comunicación han hecho llegar hasta los rincones más apartados del lugar. El juego del palo, de una agilidad admirable y de positiva y segura defensa contra malhechores, y la lucha son otras tantas manifestaciones de nuestro folclore que tienen vida y arraigo entre estas gentes sencillas y laboriosas.

En estas fértiles y fecundas tierras de La Esperanza nacieron y se hicieron hombres y luchadores aquellos dos cachorros que se llamaron por apodos el Cochinero y el Ovejero, que tan bien sentado dejaron el pabellón de La Esperanza en la memorable luchada de la Media Montaña. También en estas benditas tierras nació el perínclito D. Manuel Álvarez, conocido como D. Manuel, el Esperancero, que de humilde pastorcillo llegó a vestir dignamente el traje de sacerdote; el que con la misma facilidad que predicaba un sermón kilométrico deleitando a los fieles con sus doctrinas ungidas de pura santidad, cogía en el terrero por los fondillos a un contrincante y lo tiraba por detrás de la cabeza.

La Esperanza ha dado siempre un gran contingente de luchadores. Su caserío diseminado y las luchas políticas que desde tiempos lejanos han sostenido sus habitantes por el asiento de la capitalidad municipal no han sido obstáculo, sin embargo, para que los esperanceros se hayan aprestado a unirse como un solo hombre cuando de una luchada contra su pueblo se ha tratado. Recordamos que en una ocasión, en la que luchaba La Laguna contra La Esperanza y con motivo de habérsele quitado una lucha a un esperancero injustamente, un hijo de La Esperanza, que asistía al espectáculo en calidad de espectador, saltó de las gradas al terrero con todas las de Caín en la cabeza a discutir con la más apasionada vehemencia los derechos de su bando; y era porque al terrero no se iba a defender al amigo o al pariente, sino el honor del pueblo, la honra de la pila, que estaban muy por encima de todas las amistades y de las rivalidades y querellas que pudieran existir entre ellos. Tomen ejemplo de ello esos luchadores ‘saltapericos’, sin amor a su pueblo, que hoy se fichan en un club y mañana en otro y que lo mismo les importa encenderle una vela a Dios que al Diablo.

Hasta hace unos treinta años contó La Esperanza con un excelente plantel de luchadores que se enfrentaban dignamente, con triunfos alternos, a los conjuntos mejor organizados de la isla. Sus figuras más destacadas fueron el célebre Juan Pérez, luchador al que nadie pudo aventajársele al tiempo de agarrar; los hermanos Domingo y Miguel Bacallado, que pertenecían a la escuela clásica esperancera; los hermanos Benítez, conocidos como los Cacheros, que además de ser todo coraje y rabia eran de un temple de fino acero; y la dinastía los Verga, que formaban el broche de oro de estos deportistas esperanceros. Hoy sufre La Esperanza una crisis aguda de luchadores de la que no ha podido escapar en el curso de la historia ninguno de los pueblos donde existen luchadores. Pero estas crisis, como hemos dicho en anteriores crónicas, son pasajeras, por lo que es de esperar que, al igual que en otros pueblos que fueron afectados por el mismo mal, vuelva la lucha a resurgir en La Esperanza para bien del deporte canario.

Según tenemos entendido existe un club de lucha en El Sobradillo, club que cuenta con media docena de muchachos de muy buena calidad. Nosotros opinamos que debe formarse un club en La Esperanza, que es la capital de la jurisdicción de El Rosario, en el que se agrupe a todos los luchadores aislados que existen en ella, formando de este modo un conjunto que pueda hacer frente al bando mejor organizado. Elementos existen para ello. Lo que falta es que la Federación Canaria de Luchas se ponga manos a la obra y no dedique solamente el tiempo a la organización del campeonato, porque en estos menesteres poco queda que hacer.

Setenta y cinco años de la FLC

En el año 2018 se cumplió el setenta y cinco aniversario de la constitución de la primera Federación Canaria de Luchas. Fue el 7 de junio de 1943 cuando se publicó la creación de la primera Federación Canaria de Luchas (FCL), y la propia Federación Española de Luchas (FEL) designó como presidente a Domingo Cruz Álvarez, cuyo nombramiento fue publicado en el Boletín Oficial de la Delegación Nacional de Deportes de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., número 4, página 3, de julio de 1943. Constituida FCL, con sede social provisional en la calle Ferrer, número 19, de Santa Cruz de Tenerife, se nombró su primera junta directiva, que, según publicaba Aire Libre el 11 de octubre de año citado, en la página 8, «estaba compuesta por el propio Domingo Cruz Álvarez (presidente), Carlos Hurtado Izquierdo (secretario), Miguel Vizoso García (tesorero) y los vocales Felipe Ravina Morales, Pedro Cruz Santana y Andrés Hernández Álvarez».

Setenta y cinco años más tarde de la incorporación de la lucha canaria al deporte federado, en la Federación Insular de Tenerife se entendió que era la gran ocasión para rendir merecido homenaje a todas aquellas personas e instituciones que, de alguna manera, habían contribuido a escribir la historia de nuestro deporte. Sería la gran fiesta de la lucha canaria y el agradecimiento por tantos años de esfuerzo, trabajo y sacrificios para conservar nuestra historia, patrimonio, costumbres y tradiciones. Al mismo tiempo que el reconocimiento a un deporte único en el mundo y que está ligado directamente, desde su inicio, a la historia del pueblo canario.

Para conmemorar esta importante fecha histórica, la Federación de Tenerife de Lucha Canaria creó una comisión encargada de la organización de los distintos actos que se llevarían a cabo y que estaba integrada por Jeremías Hernández, Andrés Simó, Manuel Lolo Díaz, Javier Ledesma, Rosendo González, Santiago Gutiérrez, Mariano Gambín y Raquel Gutiérrez.

La programación, de carácter cultural, deportivo y social, incluyó una luchada institucional, un concierto a cargo de la Orquesta Filarmónica Juvenil de Tenerife y mesas redondas con diferentes temáticas, como el Empoderamiento femenino en la lucha canaria; Historia de la lucha canaria: origen, desarrollo e identidad; La lucha canaria: importancia mediática; Memorias vivas de nuestro deporte; La lucha en los colegios y el apoyo a la base; El Archivo Histórico de la Federación de Lucha Canaria de Tenerife; La salud en la lucha canaria; y, por último, Presente y futuro de la lucha canaria. El acto de cierre fue la celebración de una gala de reconocimiento a las personas e instituciones que han apoyado el desarrollo y fomento de la lucha canaria. Aquella ceremonia de clausura del setenta y cinco aniversario de la constitución de la primera Federación de Lucha Canaria, con sede en Tenerife, se celebró en el salón de actos del Círculo de Amistad XII de Enero el día 11 de enero de 2019.

Como parte de los actos se realizó un reconocimiento a las siguientes personas e instituciones:

Al Cabildo de Tenerife, por el plan de terreros de lucha canaria al que se denominó popularmente La Gran Levantada, que comenzó a principios de los años noventa con el objetivo de dotar a este deporte de la infraestructura necesaria para su práctica.

Al Universidad, primer club femenino de Tenerife, que tiene su origen en la Universidad de La Laguna, en la década de los setenta.

A los miembros de las distintas mesas redondas,por la aportación de sus conocimientos y experiencia para hacer de este aniversario un acontecimiento de primer orden.

A los profesionales de los medios de comunicación, por su importante contribución a la hora de aportar conocimientos y la difusión de nuestro deporte.

A Paco Pomares, de Ediciones Idea,por su impulso y colaboración desinteresada en la publicación del libro Historias de la Lucha Canaria, una mirada al pasado, de Andrés Simó Catalán.

A los árbitros históricos del setenta y cinco aniversario,por su trabajo, sacrificio, preparación y dedicación; una figura discutida e incomprendida y al mismo tiempo imprescindible.

A directivos históricos, personas entusiastas y apasionadas de nuestro deporte cuya labor es indispensable para que la lucha perviva.

A Los Guanches, de Arucas, y al Rosario, de Valle de Guerra,por el setenta y cinco aniversario de su constitución reglada como clubes.

A Juan Jerónimo Pérez (1928-1995),por su libro Tratado Técnico de la Lucha Canaria, que fue el primer trabajo riguroso sobre este tema aparecido en el panorama bibliográfico de las islas.

A los distintos presidentes de la Federación Insular de Tenerife,por su trabajo desinteresado y dedicación al frente de la institución para el desarrollo y fomento de la lucha canaria.

A Félix Álvaro Acuña Dorta,histórico presidente de la Federación Tinerfeña de Luchas cuya gestión, por la década de los sesenta, significó realmente un salto de calidad para la lucha canaria de Tenerife.

A Plácido Mejías Benítez, primer presidente de la Federación de Lucha Canaria (1984-1992) en la nueva etapa democrática de nuestro deporte.

A los mandadores históricos,figuras emblemáticas de nuestro deporte que, además de transmitir sus conocimientos para enseñar las distintas mañas, inculcan valores y sacan el máximo rendimiento a los luchadores para garantizar el triunfo colectivo.

A Eleuteria Ramos, Teya,excepcional intérprete, por ser unade las luchadoras más versadas que ha tenido la lucha canaria, además de una de las máximas exponentes y precursora de la lucha femenina.

A luchadores legendarios,representados por nombres y hombres como Francisco Marrero, Pancho Camurria; Pancho Suárez, Pollo de Los Campitos; Leoncio de la Rosa, Carampín; Pedro Rodríguez del Castillo, Pollo de Las Canteras; José Rodríguez de la Rosa, Pollo de Las Canteras; Gregorio Dorta García, el Caballero de la lucha; Felipe del Castillo González; y Juan Barbuzano Martín.

A los luchadores de las tres etapas de la lucha federada, bregadores que escribieron la historia de nuestro deporte con letras mayúsculas en las etapas histórica, dorada y contemporánea de la lucha. Deportistas que a lo largo de estos setenta y cinco años han contribuido al engrandecimiento de la lucha canaria en nuestra isla.

Origen del Archivo Histórico de Tenerife

Uno de los archivos históricos más importantes que conserva la lucha canaria pertenece a la Federación Insular de Tenerife, antes denominada Federación Tinerfeña de Luchas. Durante más de seis décadas, estos documentos, con mayor o menor acierto, han estado bajo la guarda y custodia de las distintas juntas directivas que han pasado por la insular, dejando al margen algunos de los mandatos en los que los ficheros fueron expoliados y en algunas ocasiones incluso maltratados. Una parte notable de este archivo histórico es la colección de fotografías que sirvieron como exposición permanente en los locales de la institución federativa insular y que permaneció durante muchísimos años en sus sucesivas sedes en distintos lugares de La Laguna: avenida de la Trinidad, calle Bencomo, calle San Juan y, actualmente, en la calle Adán Martín. Cualquier persona que visitara aquellos sitios podía ver gran cantidad de imágenes en las que se refleja, en parte, la historia gráfica de nuestro deporte. En múltiples ocasiones, esta exposición permanente se hizo itinerante para actos relevantes organizados por la propia federación, clubes o entidades privadas con el fin de divulgar y promocionar la lucha canaria. Pero, a pesar de que este archivo fue expuesto durante muchos años, la mayoría de la gente desconoce cuál fue su origen y por eso se aprovecha esta oportunidad para darlo a conocer:

I Exposición Fotográfica

El 28 de agosto de 1962, la Federación Tinerfeña de Luchas remitió una circular a sus clubes afiliados que fue difundida en los distintos medios de comunicación de la isla en los siguientes términos:

«Exposición de Fotografías de Lucha Canaria. Dentro del programa de las Fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna, la Federación Tinerfeña de Luchas, creyendo así exaltar nuestro típico deporte, proyecta la exposición de fotografías relacionadas con la lucha canaria de todas las épocas en los salones del Orfeón La Paz, por lo que agradecería muchísimo el envío de fotografías de luchadores de épocas pasadas, equipos, agarradas, etc., con el fin de que esta primera exposición tenga éxito, a la par que resulte una verdadera película retrospectiva de la lucha canaria. Lo que hacemos público confiando en la colaboración de todos los aficionados. Firmado: el presidente, Félix Álvaro Acuña Dorta».

La exposición se inauguró el 9 de septiembre de 1962 en el local del Orfeón La Paz de La Laguna, a las 12:00 horas. Presidió el acto, en representación del alcalde de la ciudad, el primer teniente de alcalde de ese ayuntamiento, Enrique Romeu, quien, tras la intervención del presidente de la Federación, Álvaro Acuña Dorta, pronunció unas palabras alusivas al acto resaltando las virtudes del deporte típico y felicitando a los organizadores de la exposición. También estuvo presente el concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz Germánico Álvarez, quien ostentaba la representación del alcalde de esta capital. Hicieron acto de presencia federativos, directivos de clubes, aficionados, cronistas y exluchadores como Angelito y Colón. La exposición, que estuvo abierta al público durante toda esa semana, recogió un amplio e interesante detalle gráfico de la historia de la lucha, con intérpretes de las más vistosas y sensacionales agarradas, los desaparecidos terreros, las figuras de los mejores luchadores de todos los tiempos y programas de luchadas de hacía más de cuarenta años.

II Exposición Fotográfica

La segunda muestra se celebró un año más tarde. El periódico Aire Libre, en su edición del día 30 de septiembre de 1963, le daba el siguiente tratamiento a la noticia: «Brillantes resultaron los actos de apertura y clausura de la II Exposición Fotográfica de la Lucha Canaria. Presidieron el alcalde de La Laguna, autoridades, representaciones y federación. En la apertura pronunció una interesante charla Juan Jerónimo Pérez, y en la clausura Pedro Martín Hernández, ambos colaboradores de Aire Libre. También disertó el destacado escritor Álvaro Martín Díaz. Centenares de aficionados visitaron la exposición, celebrada en el Orfeón La Paz, con motivo de las fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna».

Donación

En ambas exposiciones fotográficas, tanto allegados a la federación, clubes, aficionados a la lucha y familiares como público en general aportaron multitud de fotografías que fueron exhibidas y que a la conclusión de la exposición fueron donadas a la Federación Tinerfeña de Luchas, para que se integraran en su patrimonio y formaran parte de la muestra permanente en la sede federativa.

Durante estos años se han conservado y custodiado, aunque en honor a la verdad hay que decir que la idea original para la que fueron donadas, y que no era otra que su exposición permanente, pasó a segundo plano. En la actualidad, esas fotografías, junto con el resto del Archivo Histórico de la Federación Insular de Tenerife, se encuentran en el Archivo Provincial para su digitalización, clasificación, catalogación y en algunos casos restauración. Quizás sea la decisión más importante que se ha tomado en la historia de nuestro deporte, porque a partir de ahora estos valiosísimos documentos quedarán perpetuados. Posteriormente, su cuidado se hará en las mejores condiciones, ya sea en el propio Archivo Provincial o en la renovada sede de la Federación Insular de Tenerife.

Archivo Histórico

Uno de los pasos más relevantes que puede dar la lucha canaria en la actualidad es la creación del Archivo Histórico. Con la magnífica noticia difundida en los medios de comunicación sobre la colaboración de las instituciones públicas y otros organismos oficiales para llevar a cabo ese proyecto, tanto la Junta de Gobierno de la Federación de Lucha Canaria (de ámbito y competencia regional) como la de la Federación Insular de Tenerife marcan un antes y un después en su gestión.

Con toda seguridad, si este plan se lleva a cabo con la rigurosidad y seriedad que requiere, los actuales miembros de las distintas federaciones pasarán a la historia como responsables meritorios de una obra maestra que pone fin al desconocimiento de nuestra cultura, costumbres y tradiciones proporcionando una herramienta para que estas y futuras generaciones conozcan de primera mano la verdadera trayectoria de nuestro deporte vernáculo.

El patrimonio de las federaciones, con todo tipo de apuntes memorables, fotografías en las que han quedado plasmados personajes que marcaron una época, trofeos que evocan grandes hazañas de luchadores y equipos, cuadros alegóricos, distinciones, galardones y otros recuerdos, ha estado sometido al capricho de algunos dirigentes y colaboradores que no han querido ser conscientes del gran valor histórico, cultural, didáctico y sentimental de este legado.

En algunos casos, hasta no importarles su deterioro e incluso llegando a apropiarse de no poca cantidad de estos bienes. La falta de conciencia y el alto grado de ignorancia e irresponsabilidad de algún presidente y compañeros de junta de la Federación Insular de Tenerife en tiempos no tan lejanos los llevó al extremo de entongar una cuantía importante de estos documentos y reportajes fotográficos en una bañera, en la que posteriormente se vertió agua (¡vaya usted a saber por qué y de qué manera!) que terminó destruyendo la gran mayoría de ellos. Menos mal que, desde 2017, gracias a la sensibilidad de los rectores federativos vigentes y a la colaboración de las instituciones públicas y otros organismos oficiales, se puso punto final al progresivo desvalijamiento de nuestro patrimonio.

Cuando decimos que el futuro archivo histórico marcará un antes y un después del sport canario (denominado así en épocas remotas debido a la influencia del vocabulario anglosajón), no nos referimos solamente a su vigilancia en óptimas condiciones, porque también llevará un proceso de digitalización, catalogación y clasificación. Y una vez superada esta primera fase, los documentos digitalizados servirán como base de datos para conocer y revisar las diferentes etapas de la lucha canaria, como la histórica (con todas las referencias documentadas que existen), la folclórica (que estaba directamente relacionada con los actos de las fiestas populares y otros acontecimientos de importancia mayor), la preinstitucional (con su mercantilización y el control de los empresarios sobre nuestro deporte), la institucional (con la creación de la Federación de Lucha Canaria y la implantación de la burocracia) y la moderna —y más democrática—, que comenzó con la llegada de la nueva Federación de Lucha Canaria (FLC) independiente de la Federación Española de Luchas (FEL).

Además, es imprescindible la elaboración de historiales deportivos en los que se recojan los títulos disputados a lo largo de la historia del deporte federado, y en los que estén contemplados los campeones y subcampeones de las competiciones oficiales en las distintas categorías; un censo de asociaciones de luchas y clubes ubicándolos en sus respectivos años; el censo de luchadores más emblemáticos clasificados por épocas; la relación de los distintos presidentes federativos a lo largo de la historia; la relación de clubes y su participación en las diferentes temporadas y categorías; un libro de registro de los luchadores con la denominación oficial de pollo, según méritos y previo análisis, estudio y aprobación por parte de una de comisión nombrada al respecto que evite apodos gratuitos; y cuantos apartados de información vital se considere añadir. Esto será posible gracias a la iniciativa de los miembros de las federaciones que en su momento aportaron el patrimonio histórico federativo; a la colaboración de las instituciones públicas y otros organismos oficiales con su imprescindible apoyo económico, técnico y humano; y sobre todo a las aportaciones de aquellas personas que, a través de un llamamiento popular, donaron su patrimonio personal para que estos pequeños museos privados sean contemplados por la sociedad en general.

La culminación del proyecto conllevará que cualquier persona interesada en conocer la historia de la lucha canaria, los momentos más trascendentes, entrevistas a grandes figuras, los enigmáticos puntales, grandes desafíos, finales históricas o encuentros de selecciones lo podrá hacer desde un portal informático que ofrezca al usuario, de forma fácil e integrada, el acceso a una serie de recursos y de servicios relacionados con un mismo asunto. Incluiría enlaces web, buscadores, foros, documentos, aplicaciones y más. Sería, principalmente, un portal de internet dirigido a resolver necesidades de información específica de la lucha canaria. A eso habría que añadir la edición de un libro que recoja todos esos datos y que resuma la historia de nuestro deporte de un modo globalizado, que sirva para despejar incógnitas en cuanto a los conocimientos que tenemos.

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