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El Hierro, también conocida tradicionalmente como isla del Meridiano, porque hasta el siglo XIX el meridiano cero estaba establecido en el punto correspondiente a la punta de Orchilla, en El Pinar, se encuentra situada en el océano Atlántico. Pertenece a la provincia de Santa Cruz de Tenerife y su capital es Valverde, donde, aparte de La Villa (casco urbano), también se encuentran el puerto de La Estaca y el aeropuerto insular. El territorio herreño dispone, además de Valverde, de otros dos municipios: Frontera y El Pinar. El Hierro contabilizó una población de 11 423 habitantes censados en 2022, por lo que es la segunda menos poblada de las ocho islas; y es también la que, con 268,71 kilómetros cuadrados, asimismo solo supera a La Graciosa.
Su altura máxima se sitúa en el centro de la isla, concretamente en el pico Malpaso, con 1501 metros de altitud. Entre otros accidentes geográficos destaca el valle del Golfo, producido tras el deslizamiento de una parte de la isla. También procede reseñar la punta de La Restinga (el lugar más meridional de España) y la punta de la Orchilla, que es el sitio más occidental de España. En proporción a su tamaño, resulta la isla con mayor superficie de espacios naturales protegidos del archipiélago (un 58 % de su territorio), según recoge la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos. El 22 de enero de 2000 fue declarada por la Unesco Reserva de la Biosfera. En la actualidad se desarrolla un plan impulsado por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo para convertirla en la primera isla del mundo en abastecerse totalmente de energías renovables.
El Hierro estaba poblada originalmente por el pueblo bimbache, entroncado genética y culturalmente con los bereberes del norte de África. La Corona de Castilla pagó a mercenarios vasco-franceses para conquistar la isla, aunque estos la vendieron a Portugal, que luego la cedió a la Corona española en el Tratado de Alcazobas. Antes de la llegada de las tropas de las coronas castellana y aragonesa, la población era pastoril con ganado caprino, ovino y porcino y desarrollaba el cultivo de cereales, además de explotar recursos vegetales y marinos. Debido a que no existía ruta de comercio, escaseaban los productos elaborados y herramientas; solo existía un mercado interior. Supuestamente, las tierras y otros recursos comunes se repartían equitativamente. El poder divino lo representaba la naturaleza.
La progresiva expansión del control por parte de la Corona de Castilla concentró las tierras y los beneficios de producción comercial mediante un régimen señorial. Antes y después de incorporarse la isla a la Corona española, algunos habitantes fueron llevados como mano de obra esclava, aunque luego regresaron a su lugar de procedencia. Más tarde se asentaron franceses y gallegos bajo el régimen señorial.
El pueblo herreño ha sufrido la escasez de agua desde sus primeros pobladores. Este es el auténtico motivo por el que le dan tanta importancia al árbol Garoé, al considerarlo como proveedor de tan preciado líquido. El árbol desapareció a causa de un vendaval, en 1610, y desde entonces la historia del agua en El Hierro aparece vinculada a los aprovechamientos de las insuficientes fuentes y magros nacientes. Entre estos destaca la fuente de Azofa, cerca del pueblo de Isora, que en el siglo XVIII ya contaba con normas de protección en las ordenanzas del Cabildo.
Cuando se creó el municipio de Frontera, en 1912, Valverde ya existía como tal y su extensión era toda la isla. Esto hacía imposible la creación de la figura del nuevo Cabildo (pues tendrían las mismas competencias), por lo que se segregó una parte para que hubiera al menos dos municipios. Así nació el municipio de Frontera. El 15 de septiembre de 2007 se constituyó el municipio de El Pinar, que entonces se convirtió en el más joven de España.
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En cuanto a la vinculación de El Hierro con la lucha canaria conviene precisar que, a pesar de ser la isla más pequeña del archipiélago, en el pasado produjo gran número de destacados luchadores, llegando a vencer a los de Tenerife y a los de Gran Canaria en muchas ocasiones. De tal manera que en la isla del Meridiano siempre ha existido una apasionada afición por este noble deporte, espectáculo luchístico al que asisten con especial entusiasmo.
Antiguamente, la lucha en esa isla tuvo su peculiaridad en la vestimenta y el agarre, porque mientras en las demás se luchaba con ropa de brega tradicional, allí se hacía con el pantalón dominguero puesto, con dos vueltas dadas en las bocapiernas, en camisilla y con el pie derecho descalzo para no dar un golpe al contrario al ejecutar un traspié; y con una faja, resistente, cruzada en el tronco del muslo derecho y atada en la parte posterior de la cintura. De entre aquellos luchadores de antaño destacó sobremanera Tomás Zamora, y desde esa fecha empezaron a sobresalir Ciriaco Mérida, Ramón Méndez, Martín, Justo, Matías y Pascual Hernández (conocidos como los bravos), más Juan Gutiérrez; José Vázquez; Juan Guerra; Acisclo Sánchez; Domingo Brito; Alfredo Mérida; Agustín Romero; Eligio Hernández, Pollo del Pinar; Agustín Padrón, Romero; Juan Machín; Eulalio Méndez; Jerónimo Padrón; Hilario García; Ángel Machín; Ignacio Rodríguez; Atilano Hernández; Juan Quintero; Miguel Padrón, Pollo de Taibique; Bernardo González; José Quintero; Aurelio Zamora; José Rodríguez; Santiago Hernández; Cirilo Quintero; Cayetano Gutiérrez; Francisco Padrón; Juan Padrón Pérez; y Luis Padrón, entre otros que hacen más largo el listado.